Los guantes de compresión aprietan toda la mano por igual. Ofrecen la misma presión en el dedo meñique que en el pulgar, y la misma en el dorso de la mano que en la articulación que realmente se desplaza. Al no centrar la compresión donde está el verdadero problema, ofrecen una ligera sensación de alivio durante veinte minutos, pero nada más.
Las muñequeras rígidas inmovilizan la muñeca por completo. Pueden ser de ayuda por la noche para dormir, pero en el momento en que se sienta a tejer, no puede mover ni la muñeca ni el pulgar. No puede sujetar la aguja ni sostener una taza de café.
Las férulas rígidas para el pulgar evitan el desplazamiento bloqueando el dedo por completo. La molestia se reduce, pero también se pierde cualquier oportunidad de tejer, ya que es imposible sostener una aguja con ellas puestas.
Las infiltraciones de cortisona, los antiinflamatorios o las cintas de kinesiología ayudan a reducir la inflamación de la zona. Sin embargo, ninguno de estos métodos evita que la articulación se desplace. Por eso, en cuanto vuelve a tejer, el ciclo se repite.
De hecho, depender de estas opciones durante demasiado tiempo puede ser contraproducente. Mientras se espera a que baje la inflamación, el cartílago puede seguir sufriendo el desgaste propio de cada movimiento.